En agosto de 1996 se difundió una gran noticia que sacudió a la científicos del mundo. La NASA (Administración Nacional para la Aeronáutica y el Espacio de los Estados Unidos, por sus siglas en Inglés), en conjunto con un equipo de científicos de la Universidad de Stanford, publicó un artículo en la revista internacional Science, donde explica la forma en la que encontraron posibles restos fosilizados y rastros orgánicos de formas microscópicas (parecidas a las bacterias) dentro de un meteorito que cayó a la Tierra proveniente de Marte.
Pero... ¿Cómo los encontraron? ¿Cuál es la forma de esos seres? ¿Un meteorito que vino desde Marte? ¿Qué implica esto?
Se ha abierto un nuevo debate que impactará con sus conclusiones a la comunidad mundial.
El equipo de científicos encontró evidencia que sugiere fuertemente que existió vida hace 3 mil 600 millones de años en el planeta Marte. No existe evidencia de que vivieran seres superiores y todo apunta a lo que se sospechaba:
de existir vida en Marte, debió o debe ser en forma microscópica.
Tras el largo debate sobre la posibilidad de vida presente actualmente en Marte, basándose en las observaciones y experimentos realizados por la sonda Vikingo en 1976 (que obtuvo datos negativos los cuales no aportaban evidencia alguna) y que no hacían alusión a microfósiles, actualmente este equipo de investigadores encontró una nueva fuente de información sobre posible vida pasada en el planeta Marte: los meteoritos de la clase Shergotty-Nakhla-Chassigny (SNC.) Esos meteoritos han aparecido en la Tierra luego de ser
lanzados al espacio durante colisiones de meteoritos más grandes con la superficie de Marte. Durante millones de años, la roca flotó viajando entre el espacio interplanetario hasta que cayó en la Antártida, al sur de nuestro planeta, hace 13 mil años. El
meteorito ALH84001 (Allan Hills 84001)
examinado, encontrado en aquel frío continente, ha sido recientemente reconocido como proveniente de aquel planeta.
El meteorito, de no más de once centímetros de diámetro y de cerca de dos kilogramos de peso, cayó al frío de la Antártida hace unos 13 mil años y aparece sustancialmente libre de erosión y de contaminación. Al contrario de los meteoritos contaminados y erosionados, el ALH84001 no presenta restos de compuestos de carbono típicos y característicos de los meteoritos afectados por la actividad terrestre. Un meteorito, al chocar con la atmósfera de la Tierra, es sobrecalentado de tal suerte que se funde momentáneamente. Al fundirse se “envuelve” con su mismo material exterior, protegiendo así el interior. Para analizarlo es necesario “rebanarlo”. Al analizar el interior y detectar algunas fracturas preexistentes,
los investigadores encontraron glóbulos de carbono inusuales incrustados en el material meteorítico. Los estudios indican que esos glóbulos son sólo producto de la actividad biológica, y que ese material ya era contenido por el meteorito desde su origen. Asimismo, descartan la posibilidad de que, durante el tiempo en que estuvo en el suelo de la Tierra, se haya introducido por poros o grietas en el meteorito. El propio análisis tampoco afectó el material:
no hubo contaminación al realizar los estudios.
Al tomar imágenes de alta resolución por medio del microscopio electrónico, se encontraron otras características sorprendentes dentro de los pequeños huecos internos del meteorito: algo que
parecen ser seres microscópicos fosilizados, que algún día en el pasado tuvieron vida. En las fotografías que se muestran en este artículo, se distinguen claramente esas estructuras que se encontraron.
Las imágenes obtenidas mediante el uso del microscopio electrónico
muestran estructuras tubulares reunidas en grupos, de las cuales se desconoce su naturaleza exacta. Una de las interpretaciones propuesta es de que se trata de fósiles microscópicos de organismos primitivos, parecidos a las bacterias que posiblemente hayan vivido en el planeta Marte hace unos 3 mil 600 millones de años. El encontrar estas estructuras, además de los materiales orgánicos que el meteorito porta, hace pensar en vida exterior. Los propios científicos que encontraron estos resultados,
no descartan la posibilidad de que todo esto pueda explicarse a partir de procesos inorgánicos (es decir, sin la presencia de actividad biológica), pero tales explicaciones requieren condiciones muy restringidas las cuales, durante el tiempo en el que el meteorito llegó a la Tierra, difícilmente podrían haberse presentado.
Se propone que los glóbulos de carbono y los microfósiles debieron desarrollarse en un medio anaeróbico (sin la presencia de oxígeno en la atmósfera.) Cuando
tal meteorito llegó a la Tierra, hace 13 mil años, la atmósfera terrestre ya tenía, desde hace miles de millones de años, oxígeno en grandes proporciones.
Las fotografías muestran claramente estructuras que la actividad inorgánica conocida difícilmente generaría por si sola.
Estos fósiles no miden más de una centésima parte del grosor de un cabello humano y algunas llegan a ser aun diez veces más pequeñas. ! —No estamos declarando que hayamos encontrado vida en Marte —advierte el científico de la NASA McKay—.
No decimos que hemos encontrado las pruebas absolutas sobre vida pasada que existió en Marte. Lo único que hemos encontrado son muchas señales que apuntan hacia esa dirección.
McKay agrega además que esas evidencias requieren de esa dramática conclusión. Bacterias que emergieron en el planeta Marte hace miles de millones de años, cuando las condiciones de ese planeta eran más hospitalarias.
—Consideramos que es la mejor interpretación —afirma—. Además,
invitamos a más personas para que estudien el meteorito y hagan otras interpretaciones.
Por otra parte,
otros no se muestran muy entusiasmados. —Yo no estoy convencido —declara D. Brownlee de la Universidad de Washington—. Creo que han hecho pensar que esas “cosas” podrían ser microfósiles. Es improcedente. Se trata de una de las cosas más importantes en la ciencia: la verdad.
La Exobiologia es intelectualmente interesante, pero careciendo de datos, es sólo una especulación. Creo que ahora ya poseemos algunos datos.
Sea como sea,
ésta no es la primera evidencia de organismos fosilizados que se tiene. Un importante astrónomo,
Fred Hoyle, aisladamente con un científico hindú, ya habían presentado hace varios años estudios sobre algunos microbios y virus fosilizados en los huecos de un meteorito. Hasta la fecha, se ha dudado de sus investigaciones. Ellos especulan sobre la posibilidad de que el espacio interplanetario e interestelar esté poblado de microorganismos que llegan y se depositan en los planetas y que, donde encuentran el lugar apropiado para desarrollarse, lo hacen sin ningún problema.
La biología se ha ampliado. Con los estudios de la química orgánica presente en los procesos planetarios, se ha llegado a pensar desde hace ya varias décadas sobre la posibilidad de vida en algunos rincones del espacio. A esos niveles se habla más de seres microscópicos, aunque nunca se ha descartado la posibilidad de seres mucho más especializados y poseedores incluso de inteligencia, en alguna parte de nuestro Universo.
De ser comprobada la autenticidad de estos restos fósiles y su naturaleza, se abrirá un enorme camino en la ciencia de este fin de milenio.
Podríamos ser la primera generación de seres humanos en ver un verdadero ser extraterrestre, un auténtico marciano, muerto pero verdadero.